Siento de nuevo la penumbra ocupando mi vida. Pensé que no volvería a estar así jamás pero tantos momentos desastrosos vividos los últimos días me hacen pensar y creer que no podré liberarme del pasado tormentoso. Creo que mis ganas de vivir se están acabando, pero quiero creer que tengo algo bueno que brindarle al mundo, algo que mejorará la sociedad.
Ya no sé que hacer, quiero huir, quiero gritar, quiero alejarme del mundo, quiero hacerle el amor a la vida y quiero vivir con amor.
Quiero dejarme llevar por el silencio hasta reencontrarme conmigo misma, quiero enamorarme de nadie y odiarlos a todos, pero al mismo tiempo.
Quiero perderme en el viento que atraviesa las calles, en el sonido de mi alrededor, en la luz del sol naciente al amanecer y cuando se oculta en el horizonte, en la sombra de la luna cuando está llena o nueva, creciente o menguante.
Simplemente quiero dejarme llevar por lo que creo, quiero volver a ser quien soy, quiero estar de nuevo con mi yo interior sin temor a ser juzgada.
Pero no pasa lo que uno quiere, por eso ya no puedo ser quien realmente quiero ser.
Empiezo a odiar todo lo que me rodea, a detestar fuerte y radicalmente mi entorno, a maldecir el hecho de que tenga que renunciar a mis principios por complacer a otros, a matar todos los mis recuerdos para tratar de empezar de nuevo.
Quiero morirme y renacer, hacer una purificación de mi ser que me permita encontrar otro camino, un camino para aprender de nuevo a disfrutar los pequeños instantes de alegría efímera porque no hay una felicidad eterna; para identificar lo que me favorece y lograr que lo que no me ha destruido me haga más fuerte.
lunes, 13 de septiembre de 2010
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