jueves, 30 de septiembre de 2010

Falsos positivos...Un problema de todos

Los crímenes de Estado no son un tema nuevo, es claro que esta situación se viene presentando desde hace muchos años en el país.

Históricamente, los asesinatos de este tipo empezaron a ser denunciados después de que se ejecutara la toma al Palacio de Justicia, ya que las desapariciones forzadas y los muertos que resultaron de este suceso fueron tildadas como culpa del gobierno de la época.

Gracias a las investigaciones que se han realizado es posible afirmar que las cifras de desaparición y posterior asesinato de personas ha aumentado en la última década, lo que es alarmante teniendo en cuenta que nuestra constitución plantea que somos un “Estado social de derecho”.

Como futura comunicadora social me preocupa seriamente el hecho de que en muchos casos los medios de comunicación colombianos han difundido información sin una fundamentación investigativa, lo que ha contribuido a la invisibilización de una temática que involucra a la población civil y a las fuerzas armadas.

El trabajo desarrollado con las familias de los denominados ‘falsos positivos’ me ha permitido hacer una construcción de conciencia que pueda ser difundida entre las diferentes comunidades y a través de los medios de comunicación que están interesados en apoyar la conciencia colectiva y la mediación de los ciudadanos del común.

Considero que nos encontramos en una etapa de necesaria creación de nuevos ideales, de nuevas perspectivas de las problemáticas sociales de Colombia, de ver las consecuencias de un conflicto mal estructurado, mediáticamente difundido con intereses económicos de por medio, políticamente erróneo y socialmente aceptado sin ningún reparo y sin ninguna objeción. Es importante que como comunidad cimentemos las bases de una nueva visión en la que la gente pueda vivir sin miedo y en la que no tengamos la presión de las represalias del gobierno.

Es momento de hacer una nueva Colombia, y que mejor que realizando pequeñas acciones que contribuyan a formar SOCIEDAD.

lunes, 13 de septiembre de 2010

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Siento de nuevo la penumbra ocupando mi vida. Pensé que no volvería a estar así jamás pero tantos momentos desastrosos vividos los últimos días me hacen pensar y creer que no podré liberarme del pasado tormentoso. Creo que mis ganas de vivir se están acabando, pero quiero creer que tengo algo bueno que brindarle al mundo, algo que mejorará la sociedad.
Ya no sé que hacer, quiero huir, quiero gritar, quiero alejarme del mundo, quiero hacerle el amor a la vida y quiero vivir con amor.
Quiero dejarme llevar por el silencio hasta reencontrarme conmigo misma, quiero enamorarme de nadie y odiarlos a todos, pero al mismo tiempo.
Quiero perderme en el viento que atraviesa las calles, en el sonido de mi alrededor, en la luz del sol naciente al amanecer y cuando se oculta en el horizonte, en la sombra de la luna cuando está llena o nueva, creciente o menguante.
Simplemente quiero dejarme llevar por lo que creo, quiero volver a ser quien soy, quiero estar de nuevo con mi yo interior sin temor a ser juzgada.
Pero no pasa lo que uno quiere, por eso ya no puedo ser quien realmente quiero ser.
Empiezo a odiar todo lo que me rodea, a detestar fuerte y radicalmente mi entorno, a maldecir el hecho de que tenga que renunciar a mis principios por complacer a otros, a matar todos los mis recuerdos para tratar de empezar de nuevo.
Quiero morirme y renacer, hacer una purificación de mi ser que me permita encontrar otro camino, un camino para aprender de nuevo a disfrutar los pequeños instantes de alegría efímera porque no hay una felicidad eterna; para identificar lo que me favorece y lograr que lo que no me ha destruido me haga más fuerte.